Ivan R. de 2nESO ha realizado otra versión de los tres cerditos.
Los Tres Cerditos y Los Tres Lobos
Había una vez tres cerditos que eran unos chulitos y un
día encontraron a tres lobos, entonces
los cerditos empezaron a insultar a los lobos, pero los lobos no les
hacían caso y se fueron.
Al día siguiente los tres cerditos decidieron ir a
destrozar la casa de los lobos. Los lobos no estaban en casa y los cerditos aprovecharon para quemarles la casa. Cuando los lobos llegaron a
casa y vieron que se estaba quemando
sospecharon enseguida que lo autores eran los tres cerditos.
Los lobos
decidieron vengarse y fueron a casa de los cerditos. La madre de estos, vio a los lobos y les preguntó que
qué hacían allí y los lobos contestaron que los tres cerditos les habían
quemado la casa.
Los lobos
decidieron comerse a la familia entera primero les quemaron la casa y con el
fuego de la casa achicharraron los cuatro cerdo y se los comieron.
Versión original
Había una vez
tres cerditos que eran hermanos y vivían en el corazón del bosque. El lobo
siempre andaba persiguiéndolos para comérselos. Para escapar del lobo, los
cerditos decidieron hacerse una casa. A todos les pareció una buena idea, y se
pusieran manos a la obra, cada uno construyendo su casita.
-La mía será de
paja - dijo el más pequeño-, la paja es blanda y se puede sujetar con
facilidad. Terminaré muy pronto y podré ir a jugar.
El hermano
mediano decidió que su casa sería de madera:
-Puedo encontrar
un montón de madera por los alrededores (explicó a sus hermanos), construiré mi
casa en un santiamén con todos estos troncos y me iré también a jugar.
El mayor decidió
construir su casa con ladrillos.
- Aunque me
cueste mucho esfuerzo, será muy fuerte y resistente, y dentro estaré a salvo
del lobo. Le pondré una chimenea para asar las bellotas y hacer caldo de
zanahorias.
Cuando las tres
casitas estuvieron terminadas, los cerditos cantaban y bailaban en la puerta,
felices por haber acabado con el problema:
-¡No nos comerá
el Lobo Feroz! ¡En casa no puede entrar el Lobo Feroz!
Entonces surgió
de detrás de un árbol grande el lobo, rugiendo de hambre y gritando:
-Cerditos, ¡os
voy a comer!
Cada uno se
escondió en su casa, pensando que estaban a salvo, pero el Lobo Feroz se
encaminó a la casita de paja del hermano pequeño y en la puerta aulló:
-¡Soplaré y
soplaré y la casita derribaré!
Y sopló con todas
sus fuerzas: sopló y sopló y la casita de paja derribó.
El cerdito
pequeño corrió lo más rápido que pudo y entró en la casa de madera del hermano
mediano.
-¡No nos comerá
el Lobo Feroz! ¡En casa no puede entrar el Lobo Feroz!, decían los cerditos.
De nuevo el Lobo,
más enfurecido que antes al sentirse engañado, se colocó delante de la puerta y
comenzó a soplar y soplar gruñendo:
-¡Soplaré y
soplaré y la casita derribaré! La madera crujió, y las paredes cayeron y
entonces los dos cerditos corrieron a refugiarse en la casa de ladrillo del
hermano mayor.
-¡No nos comerá
el Lobo Feroz! - Cantaban los cerditos.
El lobo estaba
realmente enfadado y hambriento, y ahora deseaba comerse a los Tres Cerditos
más que nunca, y frente a la puerta bramó:
- ¡Soplaré y
soplaré y la puerta derribaré! Y se puso a soplar tan fuerte como el viento de
invierno
Sopló y sopló,
pero la casita de ladrillos era muy resistente y no conseguía su propósito.
Decidió trepar por la pared y entrar por la chimenea. Se deslizó hacia abajo...
Y cayó en el caldero donde el cerdito mayor estaba hirviendo sopa de nabos.
Escaldado y con el estómago vacío salió huyendo y escapó de allí dando unos
terribles aullidos que se oyeron en todo el bosque. Se cuenta que nunca jamás
quiso comer ningún cerdito.
Los cerditos no
lo volvieron a ver. El mayor de ellos regañó a los otros dos por haber sido tan
perezosos y poner en peligro sus propias vidas.
Y colorín
colorado, este cuento se ha acabado.
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